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miércoles, 23 de julio de 2008

Batman, The Dark Knight, El Caballero Oscuro


¿Por qué tan serios?
La pregunta en voz de un sicópata resulta aterradora. Al crimen organizado se le combate a través de sus operadores de cuello blanco, detrás de sus crímenes no hay nada personal, es sólo negocio. Los llamados terroristas generalmente actúan por venganza o por motivaciones políticas, porque el negocio de mercenario es muy redituable, en todo caso. Pero esta vez de lo que se trata es de ser implacable, de romper una marca de asesinatos.

El objetivo es el caos, no para fines ulteriores, sino para demostrar sin asomo de duda que la humanidad está podrida, que nadie es mejor que nadie porque unos son los peores; pero los otros también.
Esta es la premisa que sustenta la segunda parte de la nueva serie de películas de Batman, estrenada tres años antes de su predecesora.
Con menos de 40 años de edad y 10 películas en su carrera, Christopher Nolan logró escribir y dirigir una película que no sólo por sus marcas de taquilla, sino por la calidad de su argumento y por mantener la tensión y expectación por más de dos horas, quedará inscrita en el cine de culto.
A ello sin duda contribuirá la extraña muerte en la vida real de Heath Ledger, el interprete de El Guasón, personaje que esta vez no despertará el menor asomo de simpatía, pero sí terror, particularmente con el uniforme de enfermera, en una escena que pareciera diseñada por siquiatras especialistas, para crear una imagen imborrable.
Batman, The Dark Knight está en las antípodas del interpretado por George Clooney en 1997. Incluso el caballero oscuro que nos presentó Tim Burton en el relanzamiento cinematográfico del personaje, en 1989, resulta bastante light, en comparación con este.
Quizá una clave de lo que hace tan diferente a esta película se encuentre en el origen británico de sus principales creadores: Christopher Nolan, egresado de la carrera de letras inglesas; su hermano Jonathan, quien fue nominado al Oscar por escribir Memento, otra cinta que ya es de culto; el galés Christian Bale, quien fue descubierto y lanzado a la fama por Steven Spielberg, cuando tenía 13 años en El Imperio del Sol, y Michael Caine, que con esta, ha participado ya como actor en 132 películas.

También distingue a esta película, sobre otras de superheroes, que los villanos no son únicamente dementes del Asilo Arkham o fenómenos siquiátricos, también son narcotraficantes latinos, vendedores de protección de origen italiano y profesionistas chinos. Por exclusión se entiende que los terroristas de origen árabe, a diferencia de lo que opina el presidente de Estados Unidos, no representan ningún problema para los habitantes de Ciudad Gótica.


martes, 31 de julio de 2007

Transformers


Acudir a la versión subtitulada de Transformers en alguno de los cines ubicados en plazas comerciales de la Ciudad de México, es más que una experiencia cinematográfica, una experiencia sociológica.

Para los jóvenes de clase media para arriba, esos cochecitos que se convertían en robots, apoyados argumentalmente por novedosas carícaturas, producidas en la década de los ochenta del Siglo XX, ahora transformados a personajes de película hollywodense, con todos los efectos computarizados del Siglo XXI, representan un atractivo imprescindible.


Por supuesto, en el 90 por ciento del público de la versión subtitulada, quienes decidieron ver esta película son los integrantes masculinos de las parejas; muy frecuentemente sus acompañantes femeninas accedieron sólo en retribución a que generalmente son ellas las que toman decisiones sobre películas románticas o de suspenso y esta vez se permitieron una concesión en favor de los amantes de los carritos, aunque estos ya se acerquen peligrosamente a la década de los treintas.

Y así como en las carreras de coches la mercadotecnia obliga a la presencia de espectaculares curvas femeninas, en Transformers, la protagonista, Megan Fox llena este espacio.


Los guionistas no evaden otro juguete típico, los soldaditos. Nada que ver con los criminales de guerra en Irak; puros buenos muchachos en misiones heróicas en los desiertos asiáticos. Estos "Green Boys"no matan seres humanos, son excelentes amigos de los amistosos nativos, expertos en balas que funden metales y viajeros de los más modernos aparatos voladores que fusional helicópteros y aviones, por cierto en una extraodinaria escena al estilo Discovery, pero con emocionante música de épicas reminicencias.


Para confirmar el perfecto dominio que tienen los guionistas sobre las emociones de los espectadores de su generación, en la película no faltan bromas sexuales que aluden a la condición de muchos jóvenes del Siglo XXI quienes tardan cada vez más en salir de sus hogares, con todos los problemas que esto implica para satisfacer las necesidades propias de su condición hormonal.


Así Transfomers adopta la mejor tecnología de La Guerra de los Mundos, (Spielberg, 2004) la espectacularidad y buenas maneras de los soldados de Pearl Harbor (Michael Bay, 2001) las bromas sexuales de American Pie, (Paul Weitz 1999) las gigantescas maquetas de películas japonesas como Godzila (Ishiro Honda, 1954) y las alusiones comerciales más generosas para los copatrocinadores de General Motors y Porsche.


Para acabarlo de mejorar, entre el público la mayoría de acompañantes son jovencitas de entre 20 y 28 años, niñas bien con novios que tuvieron la oportunidad de una infancia felíz con los juguetes originales que pasaban de autos a robots (AUTOBOTS) y que ahora van a escuelas particulares en autos de modelo reciente o son egresados de costosas universidades.


También existen buenas actuaciones, como la de John Voight, quien interpretó al presidente Roosvelt en Pearl Harbor, también dirigida por Bay y hasta bromas políticas como la de un despreocupado presidente de Estados Unidos, demandando chocolates a las oficiales de la Fuerza Aérea comisionadas en el Air Force One.


Por eso Transformers no solo es una buena película para cinéfilos, sino para cualquier aficionado al estudio de la sociología contemporanea, al menos en el Distrito Federal.



sábado, 26 de mayo de 2007

Piratas del Caribe, en el Fin del Mundo. Pirates of the Caribbean: At World's End









La música y los efectos especiales hacen de la tercera entrega de Piratas del Caribe, en el Fin del Mundo una experiencia disfrutable: sin embargo difícilmente será la mejor película de la temporada vacacional 2007, privilegio que seguramente le corresponderá a Harry Potter y la Orden del Fénix o a Shrek 3.

Las dos horas y media que dura la película sirven para desarrollar una épica llena de efectos especiales; pero quien no haya estado atento a la zaga iniciada en 2004, o no la recuerde bien, seguramente resultará bastante confundido.

Cierto es que la segunda parte de la serie, apenas fue estrenada en 2006 y que al estrenarse en cine esta tercera, la anterior apenas se ofrece en pago por evento en la televisión por cable. El hecho es que no hay ningún flash back que nos haga comprender porque son tan crueles los marinos británicos, ni queda tan clara esa metáfora que dicen los productores haber querido contar acerca del significado de la libertad de los piratas.

Es muy interesante la anécdota del viaje al mundo de los muertos y la posibilidad de retorno; quizá sea más profunda de lo que aparenta esa línea anecdótica de la unión de franceses, españoles, japoneses, árabes y chinos en contra del orden establecido y sin duda ese pirata sagaz, Jack Sparrow/Johny Deep que se mueve de manera tan extraña y habla con sus yo interno como lo hicieron Pedro Infante y Luis Aguilar en A.T.M, hacen de la función una experiencia entretenida

De cualquier manera estas historias tan complejas no son precisamente las usuales en las producciones de Disney y en esta coproducción de Jerry Bruckheimer, los niños, así muchos adolescentes e incluso adultos seguramente van a perder el hilo en algún momento de la historia y tal vez nunca lo retomen, aunque se distraigan justificando como le hace Sparrow para volar, como si en lugar de Pirata ¿en el Caribe? fuera Peter Pan desafiando a Garfio.

Esto por supuesto será más útil en el video juego, Piratas del Caribe, la Leyenda de Jack Sparrow, con voz de Johny Deep y que por supuesto no podía faltar como acompañante de una de las películas con mayor despliegue de mercadotecnia en esta temporada.

Más allá de esto, y a pesar de sus fallas, Piratas del Caribe III ya está destinada a ser una clásica del Cine Familiar y de Aventuras.

Una kathedra en un minuto

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