miércoles, 29 de diciembre de 2010

DF: Gobierno Marrullero


FOTOGRAFÍAS DE EL UNIVERSAL


Por Izquierda Verde, Capítulo México

Cada golpe de trascavo en Diagonal San Antonio es una paletada en la tumba política de Marcelo Ebrard, Armando Quintero y Martí Batres. No importa cuantas comidas de 10 pesos se hayan dado en los comedores populares, cuanto beneficie la línea 12 del metro o cuantos adolescentes agradecidos por las becas de bachillerato, mandar a un negociador a conversar con los vecinos de Diagonal San Antonio, en el preciso instante en que las máquinas empiezan a cavar cemento y a matar palmeras casi centenarias, en una marrullería, una jotería política que nada tiene que ver con las muy respetables preferencias sexuales del jefe de gobierno.

Nada justifica que mientras un concertador social dice que dialogará con los vecinos, un subsecretario de gobierno ordene la violación de una de las escasas áreas públicas del Distrito Federal, para que los concesionarios del Metrobús, pobrecitos representantes de empresas transnacionales, no tengan que gastarse unos pesitos en irse a estacionar al paredero de nacos del Metro Zapata.

Todos los trolebuses y antes los tranvías, son llevados a un lugar especial al suroriente de la capital. La diferencia es que esos los paga el gobierno, son baratos, no contaminan y no chocan tanto como los metrobuses. Para estos sí hay un encierro adecuado. No así los metrobuses, ¿será porque el transporte eléctrico no aporta para el cochinito de la campaña del 2012?

Lo más probable es que los metrobuses nunca lleguen a estacionarse en Diagonal San Antonio, que el subsecretario de gobierno que todo quiere resolver echándole la culpa a los panistas sea el chivo expiatorio y que cuando Marcelo regrese de vacaciones se lave las manos advirtiendo lo estúpidos que fueron los colaboradores en su ausencia. Es eso, o entregarle a Beatriz Paredes las llaves de la Ciudad.

Para qué tanta vibración de trascavo si la Diagonal San Antonio estaba tan bonita con sus milagrosas palmeras tropicales en un Oasis a 2200 metros de altura. Que dirá la diplomacia saudita que las regaló cuando caigan a fuerza de las bocanadas de diesel y el retumbar de varias toneladas de metrobus, en una zona de alto riesgo sísmico en la Ciudad de México.

Solo a Quintero y Ebrard se les puede ocurrir cambiar un oasis por una terminal de autobuses.

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