viernes, 29 de julio de 2011

Mi judío favorito: Joseph Pulitzer


Mi judío favorito: Joseph Pulitzer



RAMSÉS ANCIRA EN EXCLUSIVA PARA ENLACE JUDÍO

A las víctimas adolescentes  del neonazi noruego que odiaba a los semitas
Como me ha ocurrido siempre, primero me apasiono por la obra de un personaje y es después que me entero con sorpresa que es judío. En agradecimiento  a los  comentarios de lectores  en los que me conminan a seguir dando el contexto en el que un judío se convirtió en mi personaje favorito, hoy quiero narrarles como conocí a Joseph Pulitzer.
A CNI, Canal 40, a finales de la década de los noventas, llegaron las imágenes de una cárcel de alta seguridad donde se mostraba a los presos  en la visita conyugal.
Ciro Gómez Leyva hizo como que nos consultaba a los reporteros sobre si estas imágenes de coitos debían o no presentarse en el noticiario. Yo me opuse; pero él aseguró que mostraban una violación a los derechos humanos y las proyectó.
Hace unos días, en Milenio Televisión, Gómez Leyva tuvo a bien mostrar como dos militares capturados por narcotraficantes eran asesinados por estos  a golpes de marro.
A pesar de que casi todos los medios de comunicación en México acordaron que exhibir la brutalidad es hacer propaganda a los asesinos, Milenio TV, suscriptor del pacto, lo rompió. 
Esto es muy similar al émulo de Hitler que hace unos días  decidió una limpieza étnica asesinando a docenas de adolescentes socialdemócratas a quienes consideraba potencialmente peligrosos por aceptar que trabajaran en Europa judíos marxistas y gente proveniente de países árabes.
Y digo similar porque el neonazi noruego realizó su pequeño genocidio con la única intención de dar su mensaje a los medios de comunicación para difundir su doctrina.
Y ya no quiero extenderme demasiado en el contexto para que no se achique la letra. El caso es que mi protesta en CNI Canal 40 fue poner el Decálogo Pulitzer en el archivero de la entrada, a la vista de todos. Este explicará por si mismo porque Pulitzer, que además es el creador de  la primera escuela de periodismo en el mundo es, esta semana  y siempre, uno de mis judíos favoritos:
1.- Siempre luchar por el progreso y la reforma.
2.- Nunca tolerar las injusticias y la corrupción.
3.- Siempre combatir a los demagogos
4.- Nunca pertenecer a ningún partido político.
5.- Siempre oponerse a las clases privilegidas.
6.- Nunca disimular la simpatía por los pobres.
7.- Siempre mantenerse devoto al interés público.
8.- Nunca estar satisfecho con publicar sólo noticias.
9.- Siempre ser drásticamente independientes.
10.- Nunca temer atacar el mal.

Hay muchas razones más, por las que admiro a Pulitzer, pero solo daré a conocer algunas pinceladas más en este espacio:
Su principal rival William R. Hearst, cuya familia fue propietaria de más de un latifundio de  270 mil hectáreas en Chihuahua, se inspiró en Pulitzer para crear su propio imperio periodístico, sin embargo escribió: “Es el tipo de periódico al que quiero que se parezca el Examiner mientras que el World, al ser propiedad de un judío, es una publicación indecente y carente de escrúpulos, que desprecio, pero es demasiado poderosa para que la insultemos”
Lo que no le perdonaban a Pulitzer era que su periódico fuera leído por la comunidad judía y que insistiera en que los trabajadores tenían el derecho de conocer las utilidades de las compañías ferrocarrileras. Para quitarle lectores y anunciantes, el editor del periódico rival New York Sun atacó a Pulitzer llamándole en  1809 el judío que abandonó su religión.
Pulitzer quien llevaba una vida perdiendo la vista por trabajar tantas horas al día, cayó en una profunda depresión y casi dejó el oficio. Sin embargo creía tanto en la libertad que fue él quien  promovió una suscripción para que sus lectores patrocinaran el pedestal de la Estatua de la Libertad, que era la primera vista de los inmigrantes de todo el mundo al llegar a Nueva York, entre los que destacaban los judíos perseguidos por la Rusia  zarista.
Aunque Pulitzer no fue perfecto y acompañó a  Hearst de la guerra de Estados Unidos contra España, su periodismo esencialmente combatió la corrupción, a tal grado de acusar  al gobierno de Roosvelt y a la empresa JP Morgan por pagar  demás a la empresa francesa que construyó el Canal de Panamá
Nuevamente Pulitzer fue objeto de una campaña de odio, pero al final los tribunales resolvieron a su favor, sentando un precedente sobre la libertad de información. Luego vino su contribución a la Universidad de Columbia para hacer del periodismo una carrera universitaria y su donación para crear el premio periodístico y literario más prestigiado del planeta, justo el Premio Pulitzer.
Termino con la anécdota personal. Prácticamente había alcanzado la mayoría de edad cuando me hicieron la circuncisión, para lo que puse como condición que me anestesiaran totalmente. En esas estaban cuando el rabino cayó en cuenta que no me habían preguntado como quería llamarme. Se acordó que mi abuelo se llamaba José, al que yo  no tenía nada que agradecerle porque abandonó a mi abuela con cuatro hijos, una de ellas, mi madre.
Pero 15 años después, cuando supe que me llamaba igual que Pulitzer,  Joseph, me sentí orgulloso y deseoso de seguir su legado del periodismo sin censura, siempre del lado de los débiles y contra los demagogos de cualquier partido o  o extremismo religioso.

    lunes, 25 de julio de 2011

    María o la sumisión de Tomas Espinoza, obligatoria para empleados del IMSS

    Finalista del tercer festival de Teatro Universitario a la mitad de la última década del siglo XX, la obra María o la Sumisión, de Tomás Espinoza vuelve a presentarse en la ciudad de México como examen de cuarto año para los alumnos del Centro Nacional de Teatro.

    Con parte de la utilería empleada en la Ópera de los dos Centavos y con el mismo maquillaje de farsa, los alumnos del CENART hacen la representación de una oficina de burócratas, que puede ser cualquiera, pero que más que ninguna se parece a las del Instituto Mexicano del Seguro Social, sino al de la administración más reciente, donde se han corregido muchos de sus vicios, si al de las administraciones del PRI  posteriores a 1982, y gran parte de la de Vicente Fox.

    A ella llega María, que se distigue por su juventud, belleza y título universitario. Esto será suficiente para que traten de arrastrarla a la masa, integrada por lambiscones, mediocres, incapaces de desempeñar cualquier trabajo fuera del presupuesto público.

    Si hacerle la vida imposible no es suficiente, habrá que buscar la manera de volverla como todas; asimiladas, rastreras, superficiales. Obra representada por 8 actrices y cuatro actores. María o la Sumisión podría tener un poco de misoginia; pero seguro que hombres y mujeres verán que esos personajes de farsa tienen muchos referentes en la vida real.

    María o la Sumisión es la obra más ligera de las dos que se presentan en estas vacaciones veraniegas del CENART. La otra es la Máquina Hamlet, de autor alemán, que generalmente se presenta en Argentina y España con variaciones experimentales de monólogo y guiñol. Esta trata sobre todas las fomas de tortura, dura tres horas y puede representar una tortura para el espectador porque el tema no es tratado con la elegancia de Shakespeare.

    El foro Salvador Novo del CENART es pequeño, la entrada es libre y hay que llegar al menos una hora antes de la función, sobre todo en fines de semana para alcanzar el pase de acceso, que es el mismo programa.

    Las funciones son de miercoles a sábado a las 19 horas y los domingos a las 18. Ojalá que el Seguro Social. como en los buenos tiempos de Benito Coquet y los grandes repartos encabezados por Carmen Montejo y Ofelia Guilmain, entre otras, utilizara el teatro para concientizar a sus empleados, para que se vieran en el espejo.

    Para nuestro infortunio el gueso del PAN está integrado por empresarios medianos y palurdos, lo que se refleja sin duda en la calidad de su gobierno. Solo el arte ha mantenido y mejorado su función social. Con todas las críticas que se puedan hacer la Cineteca Nacional, el CENART, el INBA y otras instituciones culturales se mantienen como oasis de identidad nacional y arte.

    Si todo el gobierno federal tuviera la calidad de sus instituciones culturales, habría PAN para buen rato.



    viernes, 22 de julio de 2011

    Mi Judío Favorito: David Masri ¿Qué es ser judío?

    JOSEPH RAMSÉS ANCIRA SABA
    A mis hijos

    Publicado originalmente en Enlace Judío http://www.enlacejudio.com/2011/07/17/mi-judio-favorito-%c2%bfque-es-ser-judio-2/

    Yo creo que ser judío es ser gente de izquierda, aunque la mayoría de los no judíos consideren exactamente lo contrario, pero no es por ahí donde originalmente pensaba empezar.
    Vamos a ver: el aroma que más recuerdo de mi primera infancia es el del “agrio” condimiento con el que mi abuela preparaba la comida más deliciosa que yo había probado en mi vida. Antes que las hamburguesas, o las malteadas o la pizza, o las crepas, la primera comida especial, la de fiesta, era la “árabe”.
    Desde que yo nací hasta que tuve 16 años conviví con una abuela que era patológicamente avara, a eso atribuía yo que cuando me regalaba café lo hiciera en unas tasas minúsculas en las que gran parte del contenido era el “asiento”, le llamaban café “turco”.
    Creo que tendría yo unos siete años cuando pude ver una foto y un documento oficial. Aparecía una señora como de 50 años, con una niña como de tres, con el cabello muy corto, tal y como se representa a San Antonio. La nena, lucía un corte al que le llamábamos de bacinica. Me explico para las nuevas generaciones: Todavía en los años sesentas, mucha gente vivía en azoteas o en cuartos sin baño, por lo que guardaban debajo de la cama un recipiente en forma de tasa donde depositaban temporalmente ciertos desechos líquidos. Se decía entonces de cierto corte de pelo que se colocaba el bacín hacia abajo en la cabeza de los infantes y se cortaba al ras lo que sobraba. Ese era el corte de bacinica.

    La niña, con perdón de la escatológica descripción de su corte de pelo, era muy hermosa, y la señora que la acompañaba, también. La foto, aunque en blanco y negro, no dejaba lugar a dudas de que esos ojos, infantiles, brillantes y curiosos eran verdes. Una era mi abuela y la otra mi bisabuela a la que nunca conocí personalmente. La foto venía pegada en la parte superior de un documento escrito a mano en francés. Fue así que me enteré que la progenitora de mi madre se llamaba Miriam Romano Hassán y que había nacido en Siria, cuando era una colonia francesa.
    Bueno, en realidad esto lo comprendí después porque a mi abuela no le decían Miriam, sino que la llamaron, hasta su muerte, María, y ella misma decía que su segundo apellido era Auzán; no fue hasta que ya de adulto vi otra vez este papel con cuidado, que me fijé que el calígrafo había asentado Hassan.
    La tacañería enfermiza y digna de nota policíaca de mi abuela no permite que la considere una heroína; pero también debo decir que se transformó radicalmente cuando conoció a sus bisnietos. Entonces se volvió una mujer pródiga que me invitó a mi y a mis hijos con todos los gastos pagados a vacacionar por el país. De ella sin duda heredé parte de mi gusto por viajar.
    Una larga y penosa enfermedad acabó con sus días, pero nunca le pidió nada a nadie. A pesar de que la enfermedad la consumía como ninguna, a pesar de que tenía enfermeras de planta 24 horas al día, hasta el último momento se levantó para ir al baño. Su tratamiento no nos costó nada a nadie de sus descendientes y todavía quedaron algunos bienes que esta vez si, con una avaricia enfermiza, disputaron sus nueras mexicanas.
    Mi padre, que era un cristiano masón que odiaba la Iglesia católica, era también un señor antiguo que creía en los linajes. Así que un día, con quien sabe que disposiciones matemáticas determinó que si mi abuela y mi abuelo maternos eran cien por ciento judíos y mi abuelo paterno era español y mi paterna era veracruzana, yo debía tener un 78 por ciento de sangre judía, 11 por ciento mexicana y un 20 por ciento mezcla de quien sabe cuáles, pero seguro entre ellas estaba la gitana.
    Y aquí se ponía interesante, porque la palabra gitana, provenía de los egiptanos, que también fueron como parias en Egipto, tal vez porque tenían que ver con los judíos. Al menos en los campos de concentración nazis se volvieron a mezclar sus restos. Para documentar el racismo con carga positiva de mi padre, resultó que descubrimos que el apellido Ancira, proviene de Ankara,que es el nombre de la capital turca.
    Así quedó zanjada para mi padre la cuestión de si yo era o no judío, me reconocieran o no. De paso celebraba haberrme puesto Ramsés, constructor de las mayores obras arquitectónicas de la antgüedad y que además fue hermano de Moisés, hasta que se pelearon, como sucede en las mejores familias.
    Cuando me justifiqué con estos argumentos ante un rabino por llamarme Ramsés, diciéndole que mi padre admiraba a los judíos, me preguntó que entonces porque no me había puesto José, como mi abuelo y el consejero del faraón. Era demasiado complicado argumentar en forma hablada todos los razonamientos que aquí les comparto.
    Así que si me encantaba el café turco, la comida árabe, mi abuela venía de Siria, “que era un país francés” y el apellido Saba, correspondía a una reina negra, que yo pensaba africana ¿de dónde salía de todo esto que yo resultaba judío?
    Resultó que un mal día mi padre se encontró en la miseria a consecuencia de una serie de malos negocios: Yo fui becado en una escuela de maristas, mis hermanas corrieron con peor suerte y pararon en un orfanatorio católico dirigido por monjas sádicas, apenas identificables por las películas de terror de Guillermo del Toro, y mi hermano entró a una escuela militarizada, donde el último que se formaba era corregido a golpes.
    Ya no quiero agotar su paciencia hablándoles ahora del rabino David Masri y a quien declaro oficialmente mi primer judío favorito. Digo por lo pronto que el sacó a mi familia de la miseria e hizo todo lo posible porque esto fuera permanente, brindándonos el tesoro más pedurable: la educación. De cuatro hermanos, solo una de ellas, la menor aprovechó cabalmente el destino que se empeño en mejorarnos.
    El punto es que David Masri, para mi, en ese entonces, era igualito que Woody Allen, con quien me identifique de inmediato en sus miedos, su cine y sus desamores. Con mi hijo Axel, el mayor, tuve la mejor comunicación de nuestras vidas cuando lo llevé al cine a ver La Lista de Schindler, de Spielberg, a quien admiré mucho antes de saber que era judío.
    Luego, ya adulto, empecé a ver con otros ojos un programa de televisión que de niño no me gustaba “Viaje a las Estrellas” la zaga de una aeronave en la que convivían personas de todas las razas, destacando los japoneses, los rusos, una negra y un americano típico. Fue ahí donde se presentó el primer beso inter racial ente Kirk y Uhura. Más tarde me enteré que los actores protagónicos, Leonard Nimoy y William Shatner, así como el creador de esta utopía de hermandad izquierdista en el país del capitalismo, Gene Rodenberri, también eran judíos.
    Para continuar con mis descubrimientos filojudíos, me entero que a Cervantes y a Chaplin, dos de mis creadores favoritos, les atribuyen orígenes judíos.
    Hace poco conocí la idea más valiosa que he aprendido en mi vida: No hay nada más nefasto que un hombre que se esclaviza a una idea. Los hombres deben usar las ideas para liberarse, no encadenarse a ellas. Lo dijo el que considero el filósofo vivo más importante: Edgar Morin, nacido Edgar Nahum.
    Ya habrá oportunidad, gentiles lectores, (lo digo por su benevolencia, no por el significado de no judío. ¿O será que nosotros mismos nos consideramos a los judíos incapaces de ser buenas personas?) de continuar reflexionando juntos sobre nuestros judíos favoritos.
    Sobre lo que decía al principio: la historia y la literatura me han enseñado que los judíos nos encontramos entre los hombres que más han compartido, para empezar, filosofías e ideas políticas. Sostengo por eso que somos un linaje genéticamente de izquierdas y reto a Marx, a Jesús y a Trotsky para que me rebatan si les place.
    Hasta la próxima entrega de Mi Judío Favorito…

    Una kathedra en un minuto

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