lunes, 25 de julio de 2011

María o la sumisión de Tomas Espinoza, obligatoria para empleados del IMSS

Finalista del tercer festival de Teatro Universitario a la mitad de la última década del siglo XX, la obra María o la Sumisión, de Tomás Espinoza vuelve a presentarse en la ciudad de México como examen de cuarto año para los alumnos del Centro Nacional de Teatro.

Con parte de la utilería empleada en la Ópera de los dos Centavos y con el mismo maquillaje de farsa, los alumnos del CENART hacen la representación de una oficina de burócratas, que puede ser cualquiera, pero que más que ninguna se parece a las del Instituto Mexicano del Seguro Social, sino al de la administración más reciente, donde se han corregido muchos de sus vicios, si al de las administraciones del PRI  posteriores a 1982, y gran parte de la de Vicente Fox.

A ella llega María, que se distigue por su juventud, belleza y título universitario. Esto será suficiente para que traten de arrastrarla a la masa, integrada por lambiscones, mediocres, incapaces de desempeñar cualquier trabajo fuera del presupuesto público.

Si hacerle la vida imposible no es suficiente, habrá que buscar la manera de volverla como todas; asimiladas, rastreras, superficiales. Obra representada por 8 actrices y cuatro actores. María o la Sumisión podría tener un poco de misoginia; pero seguro que hombres y mujeres verán que esos personajes de farsa tienen muchos referentes en la vida real.

María o la Sumisión es la obra más ligera de las dos que se presentan en estas vacaciones veraniegas del CENART. La otra es la Máquina Hamlet, de autor alemán, que generalmente se presenta en Argentina y España con variaciones experimentales de monólogo y guiñol. Esta trata sobre todas las fomas de tortura, dura tres horas y puede representar una tortura para el espectador porque el tema no es tratado con la elegancia de Shakespeare.

El foro Salvador Novo del CENART es pequeño, la entrada es libre y hay que llegar al menos una hora antes de la función, sobre todo en fines de semana para alcanzar el pase de acceso, que es el mismo programa.

Las funciones son de miercoles a sábado a las 19 horas y los domingos a las 18. Ojalá que el Seguro Social. como en los buenos tiempos de Benito Coquet y los grandes repartos encabezados por Carmen Montejo y Ofelia Guilmain, entre otras, utilizara el teatro para concientizar a sus empleados, para que se vieran en el espejo.

Para nuestro infortunio el gueso del PAN está integrado por empresarios medianos y palurdos, lo que se refleja sin duda en la calidad de su gobierno. Solo el arte ha mantenido y mejorado su función social. Con todas las críticas que se puedan hacer la Cineteca Nacional, el CENART, el INBA y otras instituciones culturales se mantienen como oasis de identidad nacional y arte.

Si todo el gobierno federal tuviera la calidad de sus instituciones culturales, habría PAN para buen rato.



viernes, 22 de julio de 2011

Mi Judío Favorito: David Masri ¿Qué es ser judío?

JOSEPH RAMSÉS ANCIRA SABA
A mis hijos

Publicado originalmente en Enlace Judío http://www.enlacejudio.com/2011/07/17/mi-judio-favorito-%c2%bfque-es-ser-judio-2/

Yo creo que ser judío es ser gente de izquierda, aunque la mayoría de los no judíos consideren exactamente lo contrario, pero no es por ahí donde originalmente pensaba empezar.
Vamos a ver: el aroma que más recuerdo de mi primera infancia es el del “agrio” condimiento con el que mi abuela preparaba la comida más deliciosa que yo había probado en mi vida. Antes que las hamburguesas, o las malteadas o la pizza, o las crepas, la primera comida especial, la de fiesta, era la “árabe”.
Desde que yo nací hasta que tuve 16 años conviví con una abuela que era patológicamente avara, a eso atribuía yo que cuando me regalaba café lo hiciera en unas tasas minúsculas en las que gran parte del contenido era el “asiento”, le llamaban café “turco”.
Creo que tendría yo unos siete años cuando pude ver una foto y un documento oficial. Aparecía una señora como de 50 años, con una niña como de tres, con el cabello muy corto, tal y como se representa a San Antonio. La nena, lucía un corte al que le llamábamos de bacinica. Me explico para las nuevas generaciones: Todavía en los años sesentas, mucha gente vivía en azoteas o en cuartos sin baño, por lo que guardaban debajo de la cama un recipiente en forma de tasa donde depositaban temporalmente ciertos desechos líquidos. Se decía entonces de cierto corte de pelo que se colocaba el bacín hacia abajo en la cabeza de los infantes y se cortaba al ras lo que sobraba. Ese era el corte de bacinica.

La niña, con perdón de la escatológica descripción de su corte de pelo, era muy hermosa, y la señora que la acompañaba, también. La foto, aunque en blanco y negro, no dejaba lugar a dudas de que esos ojos, infantiles, brillantes y curiosos eran verdes. Una era mi abuela y la otra mi bisabuela a la que nunca conocí personalmente. La foto venía pegada en la parte superior de un documento escrito a mano en francés. Fue así que me enteré que la progenitora de mi madre se llamaba Miriam Romano Hassán y que había nacido en Siria, cuando era una colonia francesa.
Bueno, en realidad esto lo comprendí después porque a mi abuela no le decían Miriam, sino que la llamaron, hasta su muerte, María, y ella misma decía que su segundo apellido era Auzán; no fue hasta que ya de adulto vi otra vez este papel con cuidado, que me fijé que el calígrafo había asentado Hassan.
La tacañería enfermiza y digna de nota policíaca de mi abuela no permite que la considere una heroína; pero también debo decir que se transformó radicalmente cuando conoció a sus bisnietos. Entonces se volvió una mujer pródiga que me invitó a mi y a mis hijos con todos los gastos pagados a vacacionar por el país. De ella sin duda heredé parte de mi gusto por viajar.
Una larga y penosa enfermedad acabó con sus días, pero nunca le pidió nada a nadie. A pesar de que la enfermedad la consumía como ninguna, a pesar de que tenía enfermeras de planta 24 horas al día, hasta el último momento se levantó para ir al baño. Su tratamiento no nos costó nada a nadie de sus descendientes y todavía quedaron algunos bienes que esta vez si, con una avaricia enfermiza, disputaron sus nueras mexicanas.
Mi padre, que era un cristiano masón que odiaba la Iglesia católica, era también un señor antiguo que creía en los linajes. Así que un día, con quien sabe que disposiciones matemáticas determinó que si mi abuela y mi abuelo maternos eran cien por ciento judíos y mi abuelo paterno era español y mi paterna era veracruzana, yo debía tener un 78 por ciento de sangre judía, 11 por ciento mexicana y un 20 por ciento mezcla de quien sabe cuáles, pero seguro entre ellas estaba la gitana.
Y aquí se ponía interesante, porque la palabra gitana, provenía de los egiptanos, que también fueron como parias en Egipto, tal vez porque tenían que ver con los judíos. Al menos en los campos de concentración nazis se volvieron a mezclar sus restos. Para documentar el racismo con carga positiva de mi padre, resultó que descubrimos que el apellido Ancira, proviene de Ankara,que es el nombre de la capital turca.
Así quedó zanjada para mi padre la cuestión de si yo era o no judío, me reconocieran o no. De paso celebraba haberrme puesto Ramsés, constructor de las mayores obras arquitectónicas de la antgüedad y que además fue hermano de Moisés, hasta que se pelearon, como sucede en las mejores familias.
Cuando me justifiqué con estos argumentos ante un rabino por llamarme Ramsés, diciéndole que mi padre admiraba a los judíos, me preguntó que entonces porque no me había puesto José, como mi abuelo y el consejero del faraón. Era demasiado complicado argumentar en forma hablada todos los razonamientos que aquí les comparto.
Así que si me encantaba el café turco, la comida árabe, mi abuela venía de Siria, “que era un país francés” y el apellido Saba, correspondía a una reina negra, que yo pensaba africana ¿de dónde salía de todo esto que yo resultaba judío?
Resultó que un mal día mi padre se encontró en la miseria a consecuencia de una serie de malos negocios: Yo fui becado en una escuela de maristas, mis hermanas corrieron con peor suerte y pararon en un orfanatorio católico dirigido por monjas sádicas, apenas identificables por las películas de terror de Guillermo del Toro, y mi hermano entró a una escuela militarizada, donde el último que se formaba era corregido a golpes.
Ya no quiero agotar su paciencia hablándoles ahora del rabino David Masri y a quien declaro oficialmente mi primer judío favorito. Digo por lo pronto que el sacó a mi familia de la miseria e hizo todo lo posible porque esto fuera permanente, brindándonos el tesoro más pedurable: la educación. De cuatro hermanos, solo una de ellas, la menor aprovechó cabalmente el destino que se empeño en mejorarnos.
El punto es que David Masri, para mi, en ese entonces, era igualito que Woody Allen, con quien me identifique de inmediato en sus miedos, su cine y sus desamores. Con mi hijo Axel, el mayor, tuve la mejor comunicación de nuestras vidas cuando lo llevé al cine a ver La Lista de Schindler, de Spielberg, a quien admiré mucho antes de saber que era judío.
Luego, ya adulto, empecé a ver con otros ojos un programa de televisión que de niño no me gustaba “Viaje a las Estrellas” la zaga de una aeronave en la que convivían personas de todas las razas, destacando los japoneses, los rusos, una negra y un americano típico. Fue ahí donde se presentó el primer beso inter racial ente Kirk y Uhura. Más tarde me enteré que los actores protagónicos, Leonard Nimoy y William Shatner, así como el creador de esta utopía de hermandad izquierdista en el país del capitalismo, Gene Rodenberri, también eran judíos.
Para continuar con mis descubrimientos filojudíos, me entero que a Cervantes y a Chaplin, dos de mis creadores favoritos, les atribuyen orígenes judíos.
Hace poco conocí la idea más valiosa que he aprendido en mi vida: No hay nada más nefasto que un hombre que se esclaviza a una idea. Los hombres deben usar las ideas para liberarse, no encadenarse a ellas. Lo dijo el que considero el filósofo vivo más importante: Edgar Morin, nacido Edgar Nahum.
Ya habrá oportunidad, gentiles lectores, (lo digo por su benevolencia, no por el significado de no judío. ¿O será que nosotros mismos nos consideramos a los judíos incapaces de ser buenas personas?) de continuar reflexionando juntos sobre nuestros judíos favoritos.
Sobre lo que decía al principio: la historia y la literatura me han enseñado que los judíos nos encontramos entre los hombres que más han compartido, para empezar, filosofías e ideas políticas. Sostengo por eso que somos un linaje genéticamente de izquierdas y reto a Marx, a Jesús y a Trotsky para que me rebatan si les place.
Hasta la próxima entrega de Mi Judío Favorito…

sábado, 16 de julio de 2011

Harry Potter, las Reliquias de la Muerte 7-2

En la última entrega de la zaga de Harry Potter, muy probablemente la más larga de la historia del cine junto con el Planeta de los Simios, no hay concesiones,  ni de Voldemort hacia el protagonista ni de los directores de la película con los espectadores, a tal grado que no habrá introducción ni recuento, en unas cuantas escenas pasaremos a la confrontación  final y habrá muertes de varios personajes entrañables.

Si El Planeta de los Simios compite en longitud con Harry Potter, esta se distingue de la primera por conservar a los mismos actores y la misma calidad, incluso creciente, mientras que la franquicia iniciada con Charlton Heston muy pronto se convirtió en una serie B, o de segunda categoría.

Es tan buena la película que no nos vamos a detener demasiado en lo malo; pero si consignamos que la proyección de la premiere del último capítulo del cuento, el 14 de julio. en el World Trade Center dejó mucho que desear. Le faltó brillo y el uso de los lentes de tercera dimensión se volvió incluso molesto, además de que la tercera dimensión casi no le aporta nada, a no ser por la secuencia final, casi nos atreveríamos a sugerirle que vea la versión en 2d para que pueda concentrarse en lo verdaderamente importante que es la trama, la actuación y la dirección de arte.

La primera parte de Las Reliquias de la Muerte, que fue una preparación de la segunda, es necesario conocerla para disfrutar el desenlace. El climax no deja nada que desear pues volvemos a Hogwarts y a los valores que hicieron de la trama un clásico del Siglo XXI: La solidaridad de la orden del Fénix, el totalitarismo nazi de los villanos; la magia blanca y la negra; un poco de la leyenda del mesías, tan querida para judíos y cristianos; el armagedon bíblico; el culto celta a los árboles con sus varitas de roble y otras especies.

Esto es quizá los que nos mantuvo a los fanáticos de la serie atrapados durante 10 años:  que nos cuentan una historia que todos compartimos, pero con otros personajes y escenarios.

Han cambiado mucho las cosas en 10 años. Ahora, la emoción colectiva hizo que muchos espectadores gritaran al unísono de emoción cuando vemos a los maestros de Hogwarts definir sus posiciones, a la madre de Giny, tan buena ella, no dando ninguna concesión a la horrible Bellatrix o compadeciéndonos del maestro con nombre de serpiente que por hacer de villano resulta el  héroe  más sacrificado de la zaga.


Aunque también el público ha cambiado para mal, parte del mismo no dejó de usar su blackberry en toda la función, mandando mensajes en las redes sociales e incapaz de abstraerse aunque sea por dos horas para dejarse envolver por la historia. Acción repugnante para los cinéfilos quienes preferiríamos haber ido a un cine más barato y menos snob.

Traiciones, avaricia, perdón, reivindicación, heroismo, sacrificio, hermandad, solidaridad, amor, amistad, todas las emociones humanas, buenas y malas se mezclan en dosis exactas en la trama de Harry Potter, junto con momentos de gran cine, como ese de la escena final en la que vemos a nuestros héroes, Harry, Hermione y Ron, a tantos años de los sucesos que marcaron su historia.
Sin importar nuestra edad,  crecimos con Radcliffe, Watson y Grint
De los 11  a los 22  años, las edades que más quedarán marcadas por el crecimiento de Harry, Hermione y Ron


Gracias a J.K. Rowlings por hacerse la mujer más rica de Gran Bretaña sin explotar a nadie, sin caer en los juegos de guerra de la triada infernal George Bush, Tony Blair, José María Aznar, secundados por el magnate Murdoch, el dueño de la repugnante Fox News y otros negocios que mercan con la guerra. También en los estudios hay clases sociales y por eso Warner Bros pudo con el reto.

Gracias a su pluma y a las adaptaciones cinematográficas, una gran parte de nuestras generaciones del Siglo XXI, aborrecerá la muerte, la maldad y el egoismo. Con ella aprendimos que si no podemos escapar a nuestro destino, hay que enfrentarlo pase lo que pase. Que no importa cuanto planeemos. si como dice Potter, al final, de todas maneras se va a producir un desastre.

Hay un héroe, sin duda, el que le da nombre a toda la serie; pero sin la participación de sus maestros, de sus protectores, de muchos condiscipulos  no hubiera existido un final casi feliz, no del todo porque muchos héroes pagarán con su vida para que el otro avance por el bien común 

La solidaridad en las buenas y en las malas, es lo que le da la grandeza a la zaga de Harry Potter. El amor siempre triunfa y aunque queda algo de amargura por las víctimas que quedaron en el camino, el que nos permita vislumbrar que hay otros niveles de existencia, nos basta para quedarnos con un buen sabor de boca y un hálito de esperanza en la segunda parte de Harry Potter, las reliquias de la muerte, que es imperativo   exhiban pronto, en función doble, en la Cineteca Nacional, para que se disfrute en toda su magnitud unitaria.  


Una kathedra en un minuto

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