Noti
Boletín mensual por e-mail. marzo 2017
Jaime Schlittler
Encontré un artículo escrito por el señor Sergio Hernández Galindo
intitulado Tatsugoro Matsumoto y la magia de las jacarandas en
México. Como viene la primavera —la estación de bellas flores en
México—. En la página Descubra a los Nikkei hay información muy
interesante acerca de los Emigrantes Japoneses y sus Descendientes.
Les comparto lo escrito por Sergio Hernández Galindo y les recomiendo
leer el artículo y ver las imágenes que se encuentran en
la página:
http://www.discovernikkei.org/es/journal/2016/5/6/tatsugoro-matsumoto/ Cuajimalpa
En el año de 1912, el alcalde de la
ciudad de Tokio, Yukio Ozaki, obsequió
a los Estados Unidos cerca
de 3 mil árboles de cerezo que se
plantaron en la capital de ese país.
En los siguientes años la ciudad de
Washington se vio inundada de
millones de cerezos en flor que
empezaron a pintar con su color
todo el paisaje de la capital norteamericana
al inicio de la primavera.
En la Ciudad de México hubo un
intento para plantar miles de árboles
de cerezo.
El presidente Pascual
Ortiz Rubio durante su estancia
en el cargo (1930-1932) solicitó
al gobierno japonés la donación
de ese tipo de árboles para colocarlos
en las avenidas principales
de la ciudad como símbolo de
amistad entre ambos pueblos. El
Ministerio del Exterior de Japón le
pidió a un emigrante que ya tenía
décadas de residir en México, Tatsugoro
Matsumoto, su consejo para
determinar si era factible que la
flor se adaptara a las condiciones
de la ciudad.
El emigrante explicó
a ambos gobiernos que la floración
del cerezo era poco probable que
se realizara debido a que se requería
un cambió mucho más
brusco de temperatura entre el invierno
y la primavera que la Ciudad
de México no experimentaba.
De este modo el proyecto quedó
desechado ante la experta recomendación
de Matsumoto.
Tatsugoro fue uno de los primeros
emigrantes que arribó a México,
justo un año antes de la primera
emigración masiva de pioneros japoneses
a Chiapas en el año de
1897.
Matsumoto en realidad fue
de los primeros inmigrantes a
América Latina ya que antes de
ingresar a México, había trabajado
años atrás en Perú. Tatsugoro fue
invitado al país andino por Oscar
Heeren para crear un jardín japonés
en uno de los lugares más famosos
de la ciudad de Lima, la denominada
Quinta Heeren. En ese
lugar Tatsugoro conoció a un rico
hacendado y minero mexicano, José
Landero y Coss, quien quedó
maravillado por la obra que realizó
Matsumoto. Landero invitó a Matsumoto
a su Hacienda de San Juan
Hueyapan, cercana a la ciudad de
Pachuca, para que creara un jardín
del mismo tipo con su lago artificial.
Tatsugoro, después de realizar el
jardín en la hacienda de Landero,
retornó a Japón para visitar a su
esposa, aunque ya con la firme intención
de establecerse definitivamente
en México.
En el transcurso
de regreso, realizó una corta
estancia en Estados Unidos donde
trabajó en el mantenimiento del
gran jardín japonés que se construyó
como parte de una exposición
internacional que tuvo lugar
en el año de 1894 en la ciudad de
San Francisco, en el Golden Gate
Park. Cuando ingresó a México en
1896, Matsumoto no se imaginó
que ya no volvería nunca a Japón
y que moriría en México en 1955 a
la edad de 94 años.
En el tiempo en que llegó Matsumoto
a México, la Colonia Roma
era uno de los barrios más elegantes
de la ciudad, y fue el lugar preferido
donde los nuevos ricos surgidos
durante el gobierno de Porfirio
Díaz (1876-1911) construyeron
sus residencias. Las casonas tenían
una extensión de jardín por lo
que surgió la necesidad de tener a
alguien que estuviera al cuidado
de esos espacios. Matsumoto, sin
duda, era el indicado para diseñar
y cuidar los jardines de las residencias
elegantes de todo el barrio
pues más que un jardinero, era
como algo semejante a un arquitecto
paisajista ya que en Japón se
había graduado como ueki-shi.
Esta
actividad era altamente reconocida
desde la era Muromachi
(1336-1573) cuando el gusto por
los jardines, los arreglos de flores
y la llamada ceremonia del té hizo
que surgieran este tipo de profesiones.
Posteriormente, durante la
época Tokugawa (1603-1868), el
crecimiento de las ciudades y el
surgimiento de capas de la sociedad
interesadas en el ocio y la diversión
(ukiyo o mundo flotante)
permitieron su reconocimiento
masivo.
Gracias a su intenso trabajo y a la
belleza de sus trabajos, Tatsugoro
Matsumoto empezó a ser apreciado
dentro de los sectores acaudalados
de la sociedad porfiriana. En
el año de 1900 el periódico editado
en inglés, Mexican Herald, ya daba
cuenta del emigrante japonés;
su fama llegó a los oídos del propio
Porfirio Díaz y de su esposa
Doña Carmelita. El presidente lo
invitó a hacerse cargo tanto de los
arreglos florales de la residencia
presidencial instalada en el Castillo
de Chapultepec como del mismo
bosque que rodeaba el majestuoso
castillo.
En el año de 1910 suceden dos
grandes acontecimientos que marcaron
la vida de Tatsugoro. En
septiembre de ese año se celebró
el primer centenario de la independencia
de México. Para tan importante
conmemoración, el gobierno
del presidente Díaz invitó a
representantes de los gobiernos
amigos de México. Japón envió
una delegación de alto nivel encabezada
por el barón Yasuya Uchida
y su esposa; la Legación de Japón
en México patrocinó una importante
exposición de productos japoneses
en el “Palacio de Cristal” que
hoy se conoce como el Museo del
Chopo. A un costado del palacio,
Matsumoto montó un jardín con un
pequeño lago artificial que inauguraron
el propio presidente Díaz y la
delegación diplomática japonesa.
En ese mismo año, Sanshiro Matsumoto,
hijo de Tatsugoro, arribó
de Japón en busca de su padre del
que no tenía noticias. Sanshiro logró
poner en ordenar la parte administrativa
del negocio a la que
su padre no ponía cuidado.
Ambos
empezaron entonces a crear un
gran emporio a pesar de las enormes
dificultades que representó el
inicio del movimiento revolucionario
en México.
Al estabilizarse la situación política
después del enfrentamiento armado,
los Matsumoto recomendaron
al presidente Álvaro Obregón
(1920-1924) plantar en las principales
avenidas de la ciudad de
México árboles de jacaranda que
Tatsugoro había introducido desde
Brasil y reproducido en sus viveros.
Las condiciones climatológicas
eran las adecuadas para que al
inicio de la primavera el árbol floreciera,
además Tatsugotro consideró
que la flor duraría más tiempo
ante la ausencia de lluvia en la
Ciudad de México durante esa
temporada.
En los años siguientes, los Matsumoto
comprarían una casa en la
Colonia Roma donde además instalaron
uno de sus viveros para
reproducir las plantas y árboles
que cultivaban con gran esmero.
En el año de 1922, la joven Maso
Matsui llegó a México para casarse
con Sanshiro; ella y su suegra
abrirían una florería en la parte
frontal de su casa. En la tienda se
vendían arreglos florales para las
fiestas y ceremonias de distinto
tipo como casamientos; la florería
durante las siguientes décadas adquirió
fama como el lugar más importante
en su género donde los
sectores acomodados de la sociedad
se surtían de arreglos florales
únicos en su tipo.
Las relaciones cercanas que los
Matsumoto mantenían con los propios
presidentes y con importantes
políticos de la República fueron de
gran utilidad para los años que
vendrían al desencadenarse la
persecución de las comunidades
japonesas que el gobierno norteamericano
en todo el continente
puso en marcha como consecuencia
de su enfrentamiento con Japón.
Tatsugoro y Sanshiro se convirtieron
en los representantes y
gestores de la comunidad japonesa
ante las autoridades mexicanas
cuando el gobierno ordenó la concentración
de la población de origen
japonés en la ciudad de México
y Guadalajara en el año de
1942.
Tatsugoro fue uno de los
que encabezó el Comité de Ayuda
Mutua, Kyoei-kai, organización que
crearon los emigrantes para ayudar
a los japoneses que de pronto
en los primeros meses de ese año
llegaron de otros lugares para ser
concentrados. El Kyoei-kai abrió
sus oficinas en el barrio de San
Cosme, lugar donde las familias
que arribaron pudieron albergarse
de manera temporal. Sin embargo;
fue tan grande su número que
los Matsumoto instalaron en su
hacienda de más de 200 hectáreas
de superficie denominada El Batán
( que se localizaba en lo que hoy
es la Unidad Independencia al sur
de la Ciudad de México), un albergue
donde más de 900 emigrantes
pudieron radicar en momentos tan
difíciles.
Posteriormente Sanshiro, Luis Tsuji
y Alberto Yoshida buscaron un
lugar donde los concentrados tuvieran
una vivienda y a la vez un
lugar para cultivar sus propios alimentos.
Fue así que se compró
una vieja hacienda cercana a
Cuernavaca, la Hacienda de Temixco,
donde las familias más necesitadas
pudieron pasar los años
que duró la guerra, cosechando
verduras y arroz.
Sanshiro al haberse
naturalizado como ciudadano
mexicano le fue permitido
hacerse cargo de la compra de la
Hacienda debido a que los bienes y
las cuentas bancarias de los ciudadanos
japoneses habían sido confiscados.
Durante esos difíciles tiempos, el
árbol de jacaranda se reprodujo
ampliamente en la ciudad de México
y otros lugares al grado de considerarse
como flor nativa. El consejo
de Tatsugoro fue certero y
visionario por lo que hoy podemos
disfrutar de nuestro hanami (fiesta
de observación de flores) con las
jacarandas que en los meses de
marzo y abril se nos aparecen de
pronto como magia y nos recuerdan
que los Matsumoto siguen con
nosotros.