lunes, 16 de octubre de 2017

Razones para odiar al IMSS (y no votar por el PRIAN)


Diario de un Reportero

Ramsés Ancira
En el mes de mayo Isabel acudió a la sucursal del IMSS en Avenida Coyoacán porque cuando se registró en el Seguro Social en 1974, hace ya más de dos terremotos, la inscribieron como Ma. Isabel y no como María Isabel que es su nombre completo. Este gobierno sospechosista consideró que no era la misma persona de manera que le exigió un trámite de homologación de cuentas y Clave Única de Registro de Población.

Para ello le exigieron las hojas rosas de todos los trabajos en los que hubiera estado afiliada. A pesar de sus 60 años, muchos cambios de domicilio en más de 40 años y no tener conocimientos de archivística, Isabel logró rescatar de una montaña de papeles (entre los que se encuentran misales, fotografías, oraciones a quien sabe cuántos santos y catálogos de zapatos y perfumes que vendió para sobrevivir cuando no pudo conseguir trabajo formal) suficientes hojas rosas para demostrar que trabajó, afiliada al IMSS,  de los 17 a los 34 años de edad.

Pero esta vez ya no acudió a la misma subdelegación del Seguro Social, sino que con la ayuda de otros realizó el trámite por internet, que se supone tomaría 90 días. Con ese comprobante volvió cinco meses después para que le informaran cuántas semanas cotizó. Antes lo intentó por Internet, pero el sistema respondió que con ese número no se habían cargado aún los datos, por lo que tendría que acudir de nueva cuenta a la delegación de Plaza San Jacinto.

Así lo hizo con el documento que comprobaba la homologación de claves, pero los empleados de ventanilla le argumentaron que como no se sabía cuál de estas era la correcta, tenía que volver a juntar todas sus hojas rosas y un atemorizante formato de varias páginas. Atemorizante para cualquiera, pero más  para quien solo concluyó la secundaria en el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos.

Isabel protestó y pidió hablar con el jefe de la oficina, la pasaron con el subjefe y este dijo que no era cierto, que en el mismo  documento sí señalaban la clave correcta de afiliación al IMSS. Volvió a la ventanilla… donde le respondieron otra vez que no, que debía llevar otra vez todos sus comprobantes de trabajos.

Inconforme Isabel nuevamente acudió y  fue recibida por  la verdadera jefa de la oficina, pero al final siguió siendo inútil, tendría que volver a buscar sus comprobantes y esperar otros 90 días, a pesar de que en el primer trámite de homologación, el IMSS ya había recabado todos los datos necesarios.

Pero además como sus primeros sueldos fueron con tres ceros más, ya que fueron pre Salinas de Gortari, lo más probable es que la pensión fuera insignificante, por lo que le recomendaban trabajar por lo menos año y medio más para obtener su pensión.

¿Y si trabaja por su cuenta y cotiza voluntariamente hasta que se cumpla este requisito? Le responden que no, que un patrón la tiene que contratar ¿En México y a los 60 años?

Las aportaciones voluntarias, le dicen, se cancelaron en el mes de febrero del sexto año de gobierno de Peña Nieto, mismo año en el que el poder legislativo dispuso de 14 mil millones de pesos, gran  parte de los cuales fueron destinados al PRI y al PAN.

Si Isabel hubiera ahorrado mil pesos a plazo fijo cuando se afilió al IMSS ya debería tener una cantidad millonaria a pesar de los avatares con los ceros. Se supone que todo el dinero en su favor fue depositado en una cuenta concentradora de Afore XXI que crea intereses mayores a la inflación. ¿Cuánto dinero es esto? El IMSS no le quiere decir.

Si hubiera ocurrido al revés, si ella hubiera quedado a deber 100 pesos a una tarjeta de crédito y no hubiera pasado a cuentas incobrables, con los intereses sobre intereses, ese banco ya tendría para pagar sin ningún apoyo los costos de la reconstrucción de los sismos de septiembre de 2017.

En este momento el Seguro Social tiene una campaña millonaria para presumir avances en la atención de urgencias y la realización de cirugías en fin de semana; pero en lo que se refiere al pago de las pensiones, el trámite es una pesadilla.

Hace menos de dos meses hice una felicitación pública a un funcionario del IMSS San Jacinto por el gran interés que mostró por rastrear todos los empleos que he tenido desde 1978 para poder entregarme la unificación de claves, ya que la UNAM volvió a afiliarme en mi carácter de estudiante y me proporcionó otro número distinto.

Además, en 1978, cuando tuve mi primer empleo, todavía no se empleaba la Clave única de Registro de Población que ahora es indispensable para los trámites en el IMSS. El 29 de septiembre recibí por correo electrónico la notificación de que ya había concluido el trámite y podía acudir a la Afore que deseara para transferir mis recursos.

Pero de la misma manera, cuando intenté saber a cuanto ascendían estos ahorros me respondieron que no había nada capturado con mi nueva clave, por lo que tendría que regresar a San Jacinto ¿y esperar otros 120 días para que el IMSS vuelva a buscar los documentos que ya había localizado?


Odiar no es un buen consejo. Es mejor denunciar. Finalmente ya habrá oportunidad de recordar todas las vueltas y la burocracia cuando tengamos enfrente la boleta electoral y no crucemos los emblemas ni del PRI, ni del PAN, los dos únicos partidos que han gobernado el país en el último siglo. 

domingo, 8 de octubre de 2017

Saldos y sismos 3. Capítulo ¿final?


Diario de un Reportero

                Ramsés Ancira

Un fantasma recorre México, el fantasma de la desconfianza en el gobierno por la reconstrucción tras los sismos. A ese espíritu se está sumando el PRI con sus presiones para despedir a comunicadores indispuestos a aceptar su demagogia,  e incluso algunas trasnacionales, con donativos que, aunque millonarios, resultan casi ridículos en comparación con sus ingresos e incluso  comparados con los de empresas y particulares que, con menos plusvalía o incluso ninguna,  aportaron  mucho más.

Los 20 millones de pesos anunciados por  Bancomer para la reconstrucción de las escuelas, aportan menos que el daño que causa su rascacielos en Paseo de la Reforma;  e  impide que llegue a las escuelas de Iztapalapa, el agua para que funcionen  los baños. Los donativos de Wall Mart, según el especialista Enrique Bonilla, serían mucho mejor empleados si tuvieran la decencia de pagarle un sueldo a los empacadores y “viene, viene” de sus estacionamientos, política que sí aplican en Corea del Sur y Alemania, pero no en México.

Ricardo Raphael y Amparo Casar cobraban, entre los dos, tres mil pesos al mes. El periódico New York Times, con datos de la organización no Gubernamental FUNDAR, estima en 7 millones de pesos la publicidad otorgada por gobiernos priistas para Núcleo Radio Mil.  De esta empresa fueron despedidos por considerar una farsa el anuncio del PRI de renunciar a prerrogativas por 200 millones de pesos, cuando solo en la Cámara de Diputados disponen de un presupuesto de más de 3 mil millones de pesos anuales, sin contar lo que les ingresa a través de la Cámara de Senadores, ni las “donaciones” de sus gobernadores, aunque ¡claro! estas últimas no trascienden hasta que estos son procesados penalmente , como ocurrió con los Duarte, jefes del ejecutivo estatal, uno de Veracruz y el otro de Chihuahua.

Consideremos que si fuera válido el argumento de que Amparo Casar y Ricardo Raphael tenían que salir del noticiario Enfoque “por no ser rentables al noticiario”, con los siete millones de pesos anuales que recibe la empresa de publicidad gubernamental,  hubiera alcanzado para pagarles a ambos el sueldo durante 2 mil 333 meses, equivalentes a los próximos 194 años.

A casi un mes del terremoto del 19 de septiembre de 2017, el gobierno federal y el de la Ciudad de México nos siguen debiendo un estado de cuenta preciso de las empresas que pudieran tener responsabilidad en los derrumbes de edificios;  pero el silencio es aún  más sospechoso en torno al inmueble ubicado en Chimalpopoca y Bolivar, donde nos narran testigos presenciales, fueron desgarradores los gritos de las mujeres atrapadas, pero nadie ha dicho cuántas fueron rescatadas con vida, cuantas murieron, cuántas llegaron a hospitales y en qué condiciones fueron dadas de alta si esto así ocurrió.

En 1985, un lugar emblemático de entre los cientos de edificios derrumbados fue el de la maquiladora de pantalones Topeka. Emblemático porque los accesos eran controlados con torniquete y las ventanas estaban alambradas supuestamente para evitar que se robaran hilos o mercancía. También porque de este lugar, donde llegó más tarde el auxilio, fue rescatado el último de los sobrevivientes de aquel 19 de septiembre.

Según reportes del portal informativo Sin Embargo, en este inmueble de Bolívar esquina Chimalpopoca existían tres empresas, dos relacionadas con la confección de ropa y otra de juguetes. Una fotografía de Google Maps de antes de este  19 de septiembre de 2017 nos da cuenta de antenas que  coronaban el edificio.
La fachada de un edificio moderno...

El columnista Alberto Najar apuntó en columna del pasado 26 de septiembre: “Pero en este caso la confusión es mayor, porque no se sabe realmente lo que sucedía en el inmueble, envuelto en el misterio. En su fachada no había un solo letrero, anuncio o señal alguna. Tan sólo las puertas, un estacionamiento y cristales oscuros”.

Ha trascendido que el edificio  aparece registrado a nombre de una secretaría de estado pero ¿entonces porque lo utilizaban empresas particulares? ¿Por qué la prisa en retirar los escombros?
...con una apariencia de descuido detrás de los cristales
..

Responsabilidades ciudadanas


Para que en el saldo de los sismos no deje de haber aprendizaje, es necesario recordar algo de historia. Se nos olvida o francamente nunca aprendimos, que Tenochtitlán se perdió en una batalla naval. Que Cortés mandó a construir bergantines con los que avanzó desde el sur a lo que ahora es el Centro Histórico. La altura de los barcos en comparación con las canoas, sumado a los cañones y a la epidemia de viruela que se desató entre la población sin defensas ante el virus, la cual mató incluso a Cuitláhuac, jefe de los defensores, fueron factores de la consumación de la conquista.

Pues bien, existe la hipótesis de que gran parte de los edificios derruidos se encontraban en lo que sería la costa de ese lago de Anáhuac. Ondas de ida y vuelta, que al chocar impactaron esas construcciones en las orillas de la antigua Ribera, desde Xochimilco en el Sur hasta la Roma-Condesa al centro poniente y Canal de Miramontes al Oriente. Esto sin perjuicio de que haya daños hasta Tláhuac, al Este de la Capital, donde también existían, y hasta la fecha hay vestigios de lagos.

Existe la idea de que cuando se trata de edificios de más de tres pisos, hay más peligro para los construidos recientemente que para los que han resistido décadas. Una excepción fue el de los condominios de Tlalpan ¿qué pasó entonces ahí?

Pues resulta que en las últimas cinco décadas ya sea porque se unieron departamentos contiguos; por el capricho de algunos propietarios o por otras razones se derribaron muros de carga que debilitaron la estructura, al menos del edificio que colapsó. Otros dejaron de ocupar los departamentos y los emplearon como bodegas de libros que en conjunto resultaban más pesados que si un grupo normal de personas los habitara y tampoco faltaban acumuladores, esas personas cuyo síndrome se distingue por no tirar nada, incluyendo gatos muertos. Agréguense las fugas de agua y la falta de impermeabilización, que según algunos vecinos, cuando llovía, resultaba notorio en el interior del edificio de departamentos.



Ambición, especulación, el hecho de que las delegaciones cobran más caras las licencias de construcción mientras más grande sea la edificación - y también sube el monto de  la corrupción- fueron algunos de los factores que explican los saldos en la Ciudad de México. 

Una kathedra en un minuto

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